Mostrando entradas con la etiqueta Religión Católica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Religión Católica. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de octubre de 2018

La amistad en los santos

La experiencia de la amistad auténtica es un verdadero tesoro. Es –como decía Elredo de Rieval, monje inglés del siglo XII– «la patria de quien está en el exilio, la riqueza de quien es pobre, la medicina de quien está enfermo, la gracia de quien está sano, la fuerza de quien es débil, el premio de quien es fuerte». Cualquier amigo de verdad quiere para su amigo todos los bienes, todas las gracias, compartir con él las propias alegrías y tristezas, viviéndolas con un solo corazón. En resumen, quiere con todas las fuerzas de su alma la felicidad del otro. Esto es lo que vivieron los santos. Fueran hermanos, esposos o amigos, ellos supieron vivir esa caridad sin límites de Cristo, que dió la vida por sus amigos. Es que tener una amistad centrada en Jesús nos permite no ser emigrantes, ni extranjeros; nos permite convertirnos en el hogar del otro. Tener un amigo es tener la necesidad de ayudar al otro a vivir. Saint Exupery lo expresa de modo muy hermoso en su "Carta a un rehén", en 1943:
«Amigo mío, tengo necesidad de ti como de una cumbre donde se puede respirar. Tengo necesidad de acodarme junto a ti, una vez más a orillas del Saona, sobre la mesa de una pequeña hostería de tablones desunidos, y de invitar allí a dos marineros en cuya compañía brindaremos en la paz de una sonrisa semejante al día. Si todavía combato, combatiré un poco por ti. Tengo necesidad de ti para creer mejor en el advenimiento de esa sonrisa. Tengo necesidad de ayudarte a vivir».
O también, san Francisco de Sales:
«Ama a todos los hombres con un gran amor de caridad cristiana, pero no mantengas amistad sino con las personas con las que convivir pueda ayudarte, y cuanto más perfectas sean estas relaciones, tanto más perfecta será tu amistad».
Aquí tenéis diez inspiradoras historias de santidad construida en medio de una profunda amistad. 











jueves, 30 de marzo de 2017

Encuentros de Alumnos de Religión 2016-17

El pasado miércoles, 29 de marzo, estuvimos con los alumnos de 3º y 4º de ESO en el Encuentro de Alumnos de Religión que organiza la Delegación Diocesana de Enseñanza. Presentaciones, oración, testimonios de refugiados y de personas que se dedican a asistirlos, canciones, mercadillo solidario y karaoke. Todo en torno al lema de este curso: "Siempre contigo".

Más fotos aquí

domingo, 12 de marzo de 2017

Campaña en favor de Manos Unidas

Manos Unidas es la ONG de desarrollo de la Iglesia católica, que trabaja para apoyar a los pueblos del Sur en su desarrollo y en la sensibilización de la población española. Sus ingresos provienen, en un 87,1 %, de fuentes privadas y en un 12,9 % del sector público.

Hace cerca de sesenta años, un grupo de mujeres se empeñó en hacer desaparecer las fronteras del hambre en el mundo y firmaron una declaración de guerra contra el hambre. El Manifiesto de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas (UMOFC) de 1955, decía: “Sabemos, y queremos que se sepa, que existen soluciones de vida, y que si la conciencia mundial reacciona, dentro de algunas generaciones las fronteras del hambre habrán desaparecido…” Y concluía diciendo: “Declaramos la guerra al Hambre”

Las Mujeres de Acción Católica Española respondieron a este llamamiento que denunciaba el “hambre de paz, de cultura y de Dios que padece gran parte de la humanidad”. Realizaron su primera Campaña contra el Hambre en 1960, a partir de la cual se ha ido configurando la actual “Manos Unidas”. Desde 1960, y año a año, se fueron organizando ayunos y colectas para denunciar y luchar contra el hambre, hasta que en 1970 se consolidó la campaña contra el hambre cuando la Conferencia Episcopal Española acordó que el segundo domingo de febrero se hiciera una colecta extraordinaria contra el hambre en el mundo en todas las parroquias de España, y que se convocara una jornada de ayuno voluntario el viernes anterior a dicho domingo.

Esta historia se ha ido forjando en los lugares donde el hambre y la pobreza frenan el desarrollo, donde la educación y la asistencia sanitaria son casi una quimera para muchos, donde los niños no saben lo que es la infancia, donde se explota a los más débiles y se margina a la mujer por el hecho de serlo y donde el emigrante no encuentra refugio y el que es diferente sufre rechazo.

En todos estos lugares, los proyectos de desarrollo integral que, con tu apoyo y colaboración promueve Manos Unidas, proporcionan cada año las herramientas para que, superadas nuestras fronteras, más de 2,5 millones de personas de África, América Latina y Asia puedan combatir el hambre y cambiar la historia de su vida.

También desde la sede de Manos Unidas en Valencia se ha contribuido a mejorar las condiciones de vida de personas condenadas por la falta de recursos. Así, con la ayuda de la parroquia de Benissa, Manos Unidas ha construido recientemente en un suburbio de Guwahati (India) un comedor y los aseos para una casa de acogida de niñas de la calle que atienden unas religiosas salesianas de San Juan Bosco. 


El albergue, que inició su construcción en el año 2006, actualmente acoge a 55 niñas de entre 4 y 18 años que se veían obligadas a comer en un espacio abierto en el que en época de lluvias, el frío y la humedad les hacía enfermar con frecuencia. 

“En el centro de acogida aprenden una formación profesional y se les ayuda a iniciar actividades generadoras de ingresos, mientras que las menos capacitadas reciben una educación no formal y aprenden oficios como costura y la cría de ganado para que todas puedan ganarse la vida dignamente”, nos contaban fuentes de Manos Unidas. 

Las religiosas salesianas “están muy comprometidas con la identificación y el rescate de las víctimas del tráfico de mujeres, así como de su prevención y además, gozan del apoyo de las autoridades locales, que valoran muy positivamente sus tareas”, añadieron.

Manos Unidas Valencia también ha contribuido a reducir la desnutrición en mujeres gestantes y niños menores de 5 años en la provincia de Contumazá (Perú), con la colaboración de parroquias de Valencia, Catarroja, Algemesí y Sedaví. 

Para alcanzar este objetivo, se están desarrollando una serie de actividades entre las que se encuentran sesiones demostrativas sobre preparación de platos nutritivos, prácticas claves de higiene y sobre estimulación prenatal y psicomotriz.

El proyecto también incluye la instalación de filtros de agua para consumo de agua segura, equipamiento de áreas de control de peso y talla, y sesiones demostrativas sobre dietas nutritivas, prácticas de higiene y cuidado de madres gestantes. Figuran también parcelas demostrativas y talleres de capacitación en instalación, y manejo de biohuertos.

Los beneficiarios directos del proyecto, en el que Manos Unidas colabora con equipos y materiales, personal, capacitaciones, funcionamiento, gastos de evaluación y auditorías, son un total de 267 personas entre madres gestantes, niños menores de cinco años y agentes comunitarios de salud.

Gabriel y Pascaline, en Perú y Senegal, también son más felices porque gracias a Manos Unidas tienen acceso al agua. Y el agua les da la vida…



Como ves, el hambre no solo se combate con comida. ¿Quieres comprometerte tú también a combatirlo?

Manos Unidas también ha facilitado un recurso tan básico como el agua en Ecuador, impulsando el mayor sistema de riego por aspersión en Sudamérica.

Esta actuación se realizó en Palmira, a 3.850 metros de altitud sobre el nivel del mar, en la provincia de Chimborazo. Para que te hagas una idea de la complejidad del acceso al lugar, baste decir que el Mulhacén (Granada), el lugar más alto de la Península Ibérica, está a 3.478 metros de altitud.


Los habitantes de Palmira soñaban desde tiempos ancestrales con llevar el agua hasta el lugar y poder “hacer parir la tierra”, dejar la pobreza y poder producir cultivos a gran escala. Pero no tenían los medios para abrirse paso a través de la montaña.

Manos Unidas, sabiendo lo importante que es el agua como fuente de vida pero también de desarrollo, se involucró en el proyecto.

Una de las iniciativas fue la construcción de una red de riego por aspersión, desde la captación del agua en sus fuentes de origen, hasta su conducción y almacenaje en tanques para su posterior utilización en el riego de los campos. 

El trabajo se llevó a cabo con la participación de los futuros beneficiarios, que se organizaron en grupos de voluntarios para excavar y colocar las tuberías, transportando ellos mismos el material montaña arriba. El trabajo fue muy duro. Incluso se perdieron vidas humanas.


Enlaces:

lunes, 27 de febrero de 2017

Cuaresma 2017

El próximo 1 de marzo celebraremos el Miércoles de Ceniza con el que damos inicio a la Cuaresma.


En el colegio tendremos la Celebración de Ceniza para todos aquellos alumnos de Religión que así lo deseen.




Oración de Cuaresma





Celebración Penitencial de Cuaresma. Las imágenes del Buen Pastor y la Cruz de San Damián son signos que nos ayudan a entrar en este misterio del perdón de Dios hacia sus hijos a costa de la sangre de su Hijo.

Os deseamos una santa Cuaresma a todos.


viernes, 23 de diciembre de 2016

Excursión "Historia de la Iglesia I" (s. I-V)


El pasado miércoles, 21 de diciembre, estuvimos con los alumnos de Religión de 2º y 3º de ESO en Valencia, pasando un día estupendo conociendo la historia de la Iglesia entre los siglos I y V, visitando la Catedral de Valencia, el Museo de la Almoina, y la Cripta de San Vicente Mártir.

Podéis ver las fotos Google, o en Facebook

sábado, 29 de octubre de 2016

'Holywins' 2016

Con motivo de la festividad de Todos los Santos y la Conmemoración de los Fieles Difuntos, tan eclipsadas hoy en día por el 'Halloween', los alumnos de Religión del Colegio la Baronía San Antonio Abad de Gilet han desarrollado estos días dos acciones con las que tratamos de recuperar el sentido cristiano de estas fechas frente al paganismo que parece querer imponernos nuestra sociedad.

Por un lado, los alumnos de 1º y 2º de la ESO se han acercado al cementerio de Gilet para rezar por nuestros difuntos, y dar gracias por los santos que ya gozan de la plenitud de la vida con Dios, algunos de los cuales encontraron el martirio junto a las tapias de este cementerio. 

Han sido momentos que han suscitado muchos interrogantes entre nuestros alumnos y han reavivado sentimientos de cariño y también un dolor esperanzado al recordar a algunos seres queridos con los que nos apena esta separación. Los alumnos también han querido rezar por aquellas personas que, dado el aspecto de sus lápidas, pareciese que nadie se acordaba de ellas. Y también han quedado impresionados por los jóvenes que estaban allí enterados, o al poder encontrar la tumba de algún familiar que no sabían dónde estaba enterrado. 





Por otro lado, los alumnos de 3º y 4º de la ESO han organizado un 'Holywins' ("la santidad vence"), celebrando así la fe en la comunión de los santos, en la resurrección de la carne al final de los tiempos, y en la Vida Eterna, tal y como nos enseña nuestra Madre la Iglesia. 

Para ello, los alumnos, organizados por equipos cooperativos, eligieron hace algunas semanas un par de santos para informarse sobre ellos y presentarlos al resto del colegio con ayuda de un disfraz elaborado por ellos mismos. El pasado viernes, 28 de octubre, han escenificado la presentación y han demostrado ante sus compañeros el interés que se han tomado para ello.
En ese sentido, es de agradecer el entusiasmo e interés mostrado por la mayoría de nuestros alumnos. Muy a valorar el trabajo y la imaginación que han demostrado para conseguir caracterizar perfectamente a los santos. También hay que valorar el esfuerzo de muchos para realizar una buena presentación de cada uno.

En este año 2016, en el Colegio la Baronía San Antonio Abad ¡la santidad vence, de nuevo!...¡¡Holywins!!

Gracias a todos.




Puedes ver todas las fotos en:
https://goo.gl/photos/38VGffw6aMEdKsGs7 

martes, 11 de octubre de 2016

DOMUND 2016: "Sal de tu tierra"

¿Qué es el DOMUND?

El Domingo Mundial de las Misiones, el DOMUND, es el día en el que la Iglesia nos invita a ayudar a los misioneros. Es esta una llamada de atención sobre la responsabilidad que tenemos todos los cristianos en la evangelización y se nos invita a amar y a apoyar la causa misionera.

El Papa Pío XI, también conocido como “el Papa de las misiones”, tomó la iniciativa en el año 1926 de crear una Jornada Mundial de la Misiones para que se celebrase cada año (el penúltimo domingo de octubre) en toda la Iglesia universal, y así se hace desde entonces.

Así pues, desde hace 90 años, en cada comunidad cristiana, se hace memoria por estas fechas de la tarea evangelizadora de la Iglesia y se invita a los creyentes a incluirla como propia dentro de su compromiso de fe. 

La Jornada Mundial de las Misiones, el DOMUND, nace con la finalidad de dar a conocer toda la actividad misionera de la Iglesia, tanto en el compromiso evangelizador como en la colaboración en el desarrollo y promoción de los pueblos. Y en esta tarea estamos implicados todos los creyentes, por eso este es un día en el que se manifiesta claramente la "catolicidad" (universalidad) de la Iglesia.

Los misioneros dan a conocer a todos el mensaje de Jesús, especialmente en aquellos lugares del mundo donde el Evangelio está en sus comienzos y la Iglesia aún no está asentada.

Los misioneros son sacerdotes, religiosos, religiosas, y laicos enviados por la Iglesia a países donde aún no se conoce el Evangelio, para anunciarlo a quienes aún no han oído hablar de él. Así, muchos se encuentran con Jesús y se incorporan a la Iglesia por el Bautismo.

Al mismo tiempo, los misioneros desde sus parroquias son capaces de promover y llevar a cabo proyectos de todo tipo: educativos, sanitarios y de desarrollo social para los pueblos que atienden. No podría ser de otra manera ya que la mayor parte de los misioneros se encuentran en los países y barrios más desfavorecidos de la tierra.

¿Cómo ayudar a los misioneros? 

 Rezando por ellos y colaborando económicamente mediante alguna aportación para el DOMUND.


Para rezar, durante el mes de octubre iniciamos nuestro día semanal de oración en el colegio uniéndonos al "Octubre misionero".

Comentando el lema.

“Sal... Es la invitación que nos hace el papa Francisco a salir de nosotros mismos, de nuestras fronteras y de la propia comodidad, para, como discípulos misioneros, poner al servicio de los demás los propios talentos y nuestra creatividad, sabiduría y experiencia. Es una salida que implica un envío y un destino.

...de tu tierra”. La expresión resulta evocadora del origen del que parte el misionero que es enviado a la misión, y también del destino al que llega. La misión ad gentes es universal y no tiene fronteras. Solo quedan excluidos aquellos ámbitos que rechazan al misionero. Aun así, también en ellos se hace presente con su espíritu y su fuerza.

Comentando el cartel.

Las huellas que aparecen en el cartel son expresión del lema “Sal de tu tierra”. Los tonos empleados para las huellas del caminante y para el fondo nos sirven para identificar los cinco continentes con colores distintos. El mandato del Señor a Abrahán, para que saliera de su casa y se pusiese en camino hacia la Tierra Prometida, es permanentemente actualizado por los discípulos misioneros, que han hecho propia la repetida expresión del papa Francisco: “quiero una Iglesia en salida”.

Las cruces son un detalle que podría pasar inadvertido, pero que permite distinguir esas pisadas de las de otras personas que salen de su tierra por otros motivos diversos. Las cruces que discretamente aparecen en la marca de esas huellas recuerdan la cruz que cada misionero o misionera recibe el día de su envío por parte de la Iglesia; cruz que es el distintivo de su misión de amor y misericordia, continuadora de la de Cristo.



El curso pasado recogimos 207'50 €. 
¿Cuanta ayuda podremos reunir ahora? 
¡¡Colabora con tu donativo, grande o pequeño!!



Los misioneros, dan su vida por los demás: el caso de Isabel Solá. 



PD - Asesinan en Haití a la monja misionera Isabel Solá

Recursos:
Página oficial
Mapa de la cooperación misionera

Objetivos de introducir la Campaña del DOMUND en nuestro centro.

  • Celebrar la Jornada Mundial de las Misiones, en comunión con toda la Iglesia, para vivir la dimensión universal de la Fe y el compromiso de la caridad con los más pobres. 
  • Invitar a nuestra comunidad cristiana a participar en las actividades de información, formación y cooperación misionera organizadas con motivo del DOMUND. 
  • Promover una corriente fraterna y solidaria de colaboración económica con las necesidades materiales de los misioneros y de las misiones, a través de las Obras Misionales Pontificias. 



Vídeos de las campañas de cursos anteriores:



En este curso 2016-17 se han recogido 96'30 €.
¡¡Gracias a todos por vuestra solidaridad!!

sábado, 14 de mayo de 2016

Pentecostés 2016


Celebramos la fiesta de Pentecostés.

Que el Espíritu Santo inflame de gozo los corazones que el miedo atenaza, y que podamos proclamar exultantes la grandeza y el poder del Dios que nos salva.

AMÉN.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Elige Religión Católica: La vida más clara

¿Qué voy a aprender asistiendo a la clase de Religión Católica?




Puedes comprobarlo en la infografía que aparece al final de este artículo

Como alumno:

1. ¿Qué me aporta la asignatura de Religión Católica?
Unos conocimientos necesarios para comprender el mundo actual y tu propia identidad como persona. Algo tan importante como conocer y comprender el hecho religioso cristiano. 
2. ¿Es aburrida la clase de Religión Católica?
¡¡Qué va!! Pregúntale a todos los alumnos que ya la cursan en el colegio. La clase de religión no es aburrida, tiene un temario muy variado, lleno de contenidos interesantes porque ayudan a responder a muchas preguntas que te haces. La clase de Religión es un descubrimiento continuo, ya que constantemente encontrarás que ni nuestra religión ni nuestra Iglesia es como la pintan por ahí, y te sentirás agradecido y orgulloso por ser parte de algo tan grande y que hace tanto bien al mundo. 
3. No estoy bautizado, o no he tomado la comunión, o no he ido nunca antes a  clase de Religión Católica, pero mis amigos van y yo quiero probar, ¿puedo matricularme?
¡Claro! Pide el impreso en Secretaría y sólo tendrás que marcar la casilla de la asignatura de religión para que lo firmen después tus padres. Aquí cabemos todos y puedes expresar tus opiniones con libertad siempre que muestres respeto hacia lo que los demás creemos. Aquí no le comemos la cabeza a nadie, no tratamos de dar catequesis.
4. ¿En clase de Religión Católica se está rezando todo el rato?
No, en clase aprendemos contenidos, y uno de ellos es la oración. A veces os invitaremos a participar en alguna oración o celebración concreta, pero nunca estaréis obligados y tampoco os supondrá que tengáis que sacar menos nota por ello.
5. ¿Me va a dar la clase de Religión Católica un cura?
En nuestro colegio, no. Jesús Miguel, el profe de Reli, es diácono permanente, puede realizar muchas de las acciones que realiza un sacerdote, el "rector del teu poble", pero a diferencia de estos él está casado, tiene cuatro hijos (uno de ellos en el Cielo), y disfruta proponiendo cosas diferentes y nuevas cada año. En cada curso haréis, como mínimo, dos excursiones: una a Valencia o a algún otro lugar de nuestra comarca, y otra, la que siempre disfrutáis más, a un encuentro con cerca de 1000 alumnos de otros colegios e institutos, que también cursan esta asignatura.
6. Si ya voy a catequesis, ¿por qué ir a la asignatura de Religión Católica?
La catequesis pretende que descubras a Jesucristo, y que te unas a Él y la clase de Religión busca que comprendas la Religión Católica y su aportación a la sociedad. La catequesis y la clase de Religión tienen fines y metodologías diferentes. 
7. La clase de Religión Católica, ¿es como la clase de Historia o de Arte? ¿Se diferencian en algo?
Lo cierto es que tienen muchos puntos en común. Pero también toca temas relacionados con las Ciencias Naturales, la Ética, la Música, la Literatura... la clase de Religión Católica tiene contenidos propios: se conoce, se habla, se contrasta, se interpreta…acerca de Dios, el hombre, el bien, el mal, la historia, el arte, la literatura, los avances científicos, el sentido de la vida… todo aportando una óptica desde la Fe que enriquece el conocimiento y la comprensión que el ser humano tiene del mundo que le rodea. 
La clase de Religión no es como Ética, ya que aprendemos muchas otras cosas: cómo llaman a Dios en otras religiones, cuáles son sus libros sagrados, quién fue Jesús, cómo viven los que le siguen... 
En clase de Religión se aprende quién es Jesús de Nazaret, de dónde vienen las fiestas que celebramos (como la Navidad o la Pascua). Qué es la Biblia y cómo leerla, de dónde venimos, qué podemos hacer para mejorar el mundo en que vivimos, qué es una catedral, por qué compuso Schubert su “Ave María”, cuántas religiones hay en el mundo…
8. ¿Existe esta clase para los que creen en otra religión?
En el colegio damos opción a elegir la alternativa de Valores Éticos. El Estado Español, además, tiene firmados acuerdos con la Iglesia Católica, la Iglesia Evangélica, las Comunidades Musulmanas y la Comunidad Judía. Si no se imparten otras opciones religiosas en este centro es porque nadie lo ha solicitado o porque no existe el mínimo de alumnado que se exige.  
En nuestro colegio cabemos todos y queremos que todos estén a gusto con las asignaturas que cursa cada uno.

sábado, 7 de mayo de 2016

RICA: Capítulo V

RITUAL DE LA INICIACIÓN 
DE LOS NIÑOS EN EDAD CATEQUÉTICA 

306. Este Ritual está destinado a los niños que, no habiendo sido Bautizados en la infancia, y llegados a la edad de la discreción y de la catequesis, vienen para la iniciación cristiana, ya traídos por sus padres o tutores, ya espontáneamente, pero con su permiso. Estos niños ya son idóneos para concebir y alimentar una fe propia, y tienen en sí mismos algún sentido del deber de conciencia. Sin embargo, todavía no pueden ser tratados como adultos, puesto que poseen una mentalidad infantil, dependen de los padres o tutores y se dejan influir excesivamente por los compañeros y por el ambiente. 

307. Su iniciación requiere ante todo la propia conversión, madurada progresivamente, en cuanto lo permite su edad, pero además la ayuda de la educación, tan necesaria a esa edad. De acuerdo con esto tal ayuda, ha de ser adaptada al punto del itinerario espiritual en que se encuentran los candidatos, o sea, a su progreso en la fe y a la formación catequética que reciben. Por consiguiente su iniciación debe prolongarse, como la de los adultos, durante varios años, si es necesario, antes de que se acerquen a los sacramentos, y debe distribuirse en varios grados o etapas, y jalonarse con diversos ritos. 

308. Como el progreso de los niños en la formación depende tanto de la ayuda y ejemplo de los compañeros como de la que reciben de sus padres, es preciso que se tengan en cuenta ambos influjos. 
  1. Puesto que los niños que han de ser iniciados pertenecen generalmente a algún grupo de compañeros de su edad, bautizados ya de tiempo atrás, que se preparan en la catequesis para la Confirmación y la Eucaristía, la iniciación que reciben avanza progresivamente, y se apoya sobre la base del mismo grupo catequético. 
  2. Pero es de desear también que esos niños reciban además, en cuanto sea posible, la ayuda y el ejemplo de sus padres, cuyo permiso se requiere para comenzar la iniciación y para llevar en el futuro la nueva vida cristiana. Por otra parte el tiempo de la iniciación proporcionará ocasiones oportunas a la familia para tratar con los sacerdotes y catequistas. 
309. Según las circunstancias, ayudará no poco el reunir a varios niños, que se hallen en la misma situación, para las ceremonias de cada etapa, a fin de que con el ejemplo mutuo se ayuden a caminar en el catecumenado. 

310. En lo que toca al tiempo de las celebraciones, sería de desear que, en cuanto sea posible, el último tiempo de la preparación coincidiera con la Cuaresma, y que los sacramentos se celebren en la Vigilia Pascual (cfr. Observaciones previas, n. 8). Pero antes de que los niños que sean admitidos a los sacramentos en las fiestas pascuales, hay que asegurarse bien de que están capacitados, y de que el tiempo litúrgico corresponda al grado de la formación catequética en que los candidatos a los sacramentos de la iniciación se acerquen a ellos al mismo tiempo que sus compañeros, bautizados ya de tiempo atrás, son admitidos a la Confirmación y a la Eucaristía. 

311. Las ceremonias deben celebrarse con participación activa de algún grupo, que se componga de un número conveniente de fieles, entre los que deben estar los padres y parientes, así como los compañeros de estudios catequéticos y algunos adultos allegados a los interesados. Porque, hablando en general, no es deseable la presencia de toda la comunidad parroquial, basta con que esté representada, cuando se inician los niños de esa edad. 

312. Este Ritual aquí elaborado, puede recibir las acomodaciones y adiciones que juzguen oportunas las Conferencias Episcopales, para que respondan a las necesidades y circunstancias de cada región y a sus peculiares circunstancias pastorales. Se puede introducir, adaptado a la edad de los niños, el rito de las «entregas» que se usan para los adultos (cfr. nn. 103, 125, 181-192). Además, cuando este «Ordo» se traduzca a las lenguas vernáculas, hay que cuidar que las moniciones, súplicas y oraciones se acomoden a la mentalidad de los niños. Si se juzga oportuno, cuando alguna oración del Ritual Romano se traduzca a la lengua del lugar, se puede aprobar por la Conferencia Episcopal otra oración, que proponga las mismas ideas, pero de modo más apropiado a los niños (cfr. Observaciones previas acerca de la iniciación cristiana, n. 32). 

313. Los ministros que empleen este Ritual, usen con libertad y sensatez de las facultades y atribuciones que se les conceden en las Observaciones generales previas (nn. 34 y 35), en las Observaciones previas particulares del Ritual del Bautismo de los niños (n. 86) y de la iniciación de adultos (n. 67).

Índice. 
  • Primer Grado: Rito de Entrada en el Catecumenado de los niños en edad catequética.
  • Segundo Grado: Escrutinios o Ritos Penitenciales de los niños en edad catequética.
  • Tercer Grado: Celebración de los Sacramentos de la Iniciación de los niños en edad catequética. 

RICA: Primer Grado

RITO DE ENTRADA EN EL CATECUMENADO 

68. El Rito por el que se agrega entre los catecúmenos a los que desean hacerse cristianos, se celebra cuando, recibido el primer conocimiento del Dios vivo, tienen ya la fe inicial en Cristo Salvador. Desde entonces se presupone acabada la primera «evangelización», el comienzo de la conversión y de la fe, y cierta idea de la Iglesia, y algún contacto previo con un sacerdote u otro miembro de la comunidad, y hasta alguna preparación para este orden litúrgico. 

69. Antes de que los candidatos sean admitidos entre los catecúmenos, lo que se hará en determinados días dentro del año según las condiciones locales, espérese algún tiempo, el conveniente y necesario en cada caso concreto, para investigar los motivos de la conversión, y para purificarlos, si es necesario. 

70. Es de desear que toda la comunidad cristiana, o alguna parte de ella, compuesta por los amigos y familiares, por los catequistas y sacerdotes, tenga parte activa en la ceremonia. 

71. Asistan también los padrinos de catecumenado («sponsores») que han de presentar a la Iglesia los candidatos avalados por ellos. 

72. A este Rito, que consta de la admisión de los candidatos, de la liturgia de la palabra y de la despedida de aquéllos, puede seguir la Eucaristía.

RICA: Capítulo I

RITUAL DEL CATECUMENADO 
DISTRIBUIDO EN SUS GRADOS O ETAPAS 

  • Primer Grado: Rito de entrada en el Catecumenado (incompleto). 
  • Primer Grado: el Tiempo del Catecumenado y sus Ritos. 
  • Segundo Grado: Rito de la Elección o Inscripción del Nombre.
  • Segundo Grado: El Tiempo de la Purificación y de la Iluminación.
  • Tercer Grado: Celebración de los Sacramentos de la Iniciación. 

RICA: Observaciones previas

LA INICIACIÓN CRISTIANA DE LOS ADULTOS 
OBSERVACIONES PREVIAS 

1. El Ritual de la Iniciación Cristiana, que se describe a continuación, se destina a los adultos, que al oír el anuncio del misterio de Cristo, y bajo la acción del Espíritu Santo en sus corazones, consciente y libremente buscan al Dios vivo y emprenden el camino de la fe y de la conversión. Por medio de este Ritual se les provee de la ayuda espiritual para su preparación y para la recepción fructuosa de los sacramentos en el momento oportuno. 

2. El ritual no presenta solamente la celebración de los sacramentos del bautismo, la confirmación y la eucaristía, sino también todos los ritos del catecumenado, que probado por la más antigua práctica de la Iglesia, corresponde a la actividad misionera de hoy y de tal modo se siente su necesidad en todas partes, que el Concilio Vaticano II mandó restablecerlo y adaptarlo de acuerdo a las costumbres y necesidades de cada lugar (Cfr. Conc. Vat. II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, nn. 64-66; Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia, Ad gentes, n. 14; Decreto sobre el ministerio pastoral de los Obispos, Christus Dominus, n. 14).

3. Para que mejor se compagine con la labor de la Iglesia y con la situación de los individuos, de las parroquias y de las misiones, el Ritual de la Iniciación presenta en primer lugar la forma completa común, apta para la preparación colectiva (cf. nn. 68-239), de la cual los pastores, por simple acomodación, obtienen la fórmula oportuna para la preparación individual. A continuación, para casos particulares, se ofrece también la forma simple, propia para acabar el rito en una sola celebración (cf. nn. 240-273), o para distribuirlo en sucesivas celebraciones (cf. nn. 274-277), y por último la forma abreviada para los que se encuentran en peligro de muerte (cf. nn. 278-294).

I. ESTRUCTURA DE LA INICIACIÓN DE LOS ADULTOS

4. La iniciación de los catecúmenos se hace gradualmente, en conexión con la comunidad de los fieles que juntamente con los catecúmenos consideran el precio del misterio pascual y renovando su propia conversión, inducen con su ejemplo a los catecúmenos a seguir al Espíritu Santo con toda generosidad. 

5. El Ritual de la Iniciación se acomoda al camino espiritual de los adultos, que es muy variado según la gracia multiforme de Dios, la libre cooperación de los catecúmenos, la acción de la Iglesia y las circunstancias de tiempo y lugar. 

6. En este camino, además del tiempo de instrucción y de maduración (cf. n. 7), hay «grados» o etapas, mediante los cuales el catecúmeno ha de avanzar, atravesando puertas, por así decirlo, o subiendo escalones.
  1. El primer grado, etapa o escalón es cuando el catecúmeno se enfrenta con el problema de la conversión y quiere hacerse cristiano, y es recibido por la Iglesia como catecúmeno. 
  2. El segundo grado es cuando madurando ya la fe, y finalizado casi el catecumenado, el catecúmeno es admitido a una preparación más intensa de los sacramentos. 
  3. El tercer grado, cuando acabada la preparación espiritual, el catecúmeno recibe los sacramentos, con los que comienza a ser cristiano.
Tres, pues, son los grados, pasos o puertas, que han de marcar los momentos culminantes o nucleares de la iniciación. Estos tres grados se marcan o sellan con tres ritos litúrgicos: el primero, por el rito de Entrada en el catecumenado: el segundo, por la Elección y el tercero, por la celebración de los Sacramentos.

7. Los grados, por tanto, introducen a las etapas de instrucción y maduración, o por ellas son preparados:
  1. El primer tiempo, o etapa, por parte del candidato exige investigación, y por parte de la Iglesia se dedica a la evangelización y «precatecumenado» y acaba con el ingreso en el grado de los catecúmenos. 
  2. El segundo tiempo comienza con este ingreso en el grado de los catecúmenos, y puede durar varios años, y se emplea en la catequesis y ritos anejos. Acaba en el día de la «Elección»
  3. El tercer tiempo, bastante más breve, que de ordinario coincide con la preparación cuaresmal de las Solemnidades pascuales y de los sacramentos, se emplea en la «purificación» e «iluminación»
  4. El último tiempo, que dura todo el tiempo pascual, se dedica a la «mystagogia», o sea a la experiencia espiritual y a gustar de los frutos del Espíritu, y a estrechar más profundamente el trato y los lazos con la comunidad de los fieles.
Cuatro, pues, son los tiempos que se suceden: el «precatecumenado», caracterizado por la primera evangelización; el «catecumenado», destinado a la catequesis integral; el de «purificación e iluminación», para proporcionar una preparación espiritual más intensa; y el de «mystagogia», señalado por la nueva experiencia de los sacramentos y de la comunidad. 

8. Fuera de esto, como la iniciación de los cristianos no es otra cosa que la primera participación sacramental en la muerte y resurrección de Cristo, y como, además, el tiempo de purificación e iluminación coincide de ordinario con el tiempo de Cuaresma (cfr. Conc. Vat. II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 109), y la «mystagogia» con el tiempo pascual, conviene que toda la iniciación se caracterice por su índole pascual. Por esto la Cuaresma ha de cobrar toda su pujanza para ofrecer una más intensa preparación de los elegidos y la Vigilia pascual debe ser el tiempo legítimo de los sacramentos de la iniciación (queda derogado el cánon 790 C.I.C.), pero no obstante no se prohíbe que estos sacramentos, por necesidades pastorales, se celebren fuera de este tiempo.

A. La evangelización y el «precatecumenado» 

9. Aunque el Ritual de la Iniciación comienza con la admisión o entrada en el catecumenado, sin embargo el tiempo precedente o «precatecumenado» tiene gran importancia ni se debe de omitir ordinariamente. En ese período se hace la evangelización, o sea se anuncia abiertamente y con decisión al Dios vivo y a Jesucristo, enviado por él para salvar a todos los hombres, a fin de que los no cristianos, al disponerles el corazón el Espíritu Santo, crean, se conviertan libremente al Señor, y se unan con sinceridad a él, quien por ser el camino, la verdad y la vida, satisface todas sus exigencias espirituales; más aún, las supera infinitamente (Conc. Vat. II, Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia, Ad gentes, n. 13).

10. De la evangelización, llevada a cabo con el auxilio de Dios, brotan la Fe y la conversión inicial, con las que cada uno se siente arrancar del pecado e inclinado al misterio del amor divino. A esta evangelización se dedica íntegramente el tiempo del precatecumenado, para que madure la verdadera voluntad de seguir a Cristo y de pedir el Bautismo. 

11. En este tiempo se ha de hacer por los catequistas, diáconos y sacerdotes, y aun por los seglares, una explanación del evangelio adecuada a los candidatos; ha de prestárseles una ayuda atenta para que con más clara pureza de intención cooperen con la divina gracia y, por último para que resulten más fáciles las reuniones de los candidatos con las familias y con los grupos de los cristianos.

12. Toca a las Conferencias Episcopales, además de la evangelización propia de este período, determinar, dado el caso, y según las circunstancias de la región, el modo de recibir por primera vez a los que se podría llamar «simpatizantes», es decir, a los que, aunque todavía no crean plenamente, muestran, sin embargo, alguna inclinación a la Fe cristiana.
  1. La recepción o admisión de éstos, que se ha de hacer sin ningún rito y libremente, manifiesta su recta intención, pero todavía no la verdadera Fe. 
  2. Se adaptará a las condiciones y circunstancias locales. A unos candidatos se ha de mostrar principalmente el espíritu de los cristianos, que quieren conocer y experimentar; mientras que a otros cuyo catecumenado por diversas razones tiene que demorarse, convendrá más bien comenzar por algún acto externo de ellos mismos o de la comunidad. 
  3. La admisión se hará en una reunión de la comunidad local, con tiempo suficiente para que brote la amistad y el diálogo. Presentado por algún amigo, el «simpatizante» será saludado y recibido con palabras amistosas por un sacerdote o por algún miembro de la comunidad digno y preparado.
13. Durante el tiempo del «precatecumenado» es propio de los pastores ayudar a los «simpatizantes», por medio de oraciones apropiadas.

B. El catecumenado 

14. De gran importancia es el tito llamado «Entrada en el Catecumenado», porque entonces los candidatos se presentan por primera vez y manifiestan a la Iglesia su deseo, y ésta, cumpliendo su deber apostólico, admite a los que pretenden ser sus miembros. A éstos Dios les otorga su gracia, ya que su deseo se muestra patente en esta celebración, que también es digno de su recepción y primera consagración por parte de la Iglesia. 

15. Para dar este paso se requiere en los candidatos una vida espiritual inicial y los conocimientos fundamentales de la doctrina cristiana (cfr. Conc. Vat. II, Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia, Ad gentes, n. 14): a saber, la primera fe concebida en el tiempo del «precatecumenado», la conversión inicial y la voluntad de cambiar de vida y de empezar el trato con Dios en Cristo, y, por tanto, los primeros sentimientos de penitencia y el uso incipiente de invocar a Dios y hacer oración, acompañados de las primeras experiencias en el trato y espiritualidad de los cristianos. 

16. De estas disposiciones deben juzgar los pastores con la ayuda de los padrinos de catecumenado («sponsores») (cf. n. 42) catequistas y diáconos, según los indicios externos (ibid., n. 13). Además es oficio de los pastores, atentos a la virtud de los sacramentos ya recibidos válidamente (cf. Observaciones generales, n. 4), cuidar de que ninguno de los ya bautizados, por ninguna razón quiera reiterar el Bautismo.

17. Después de la celebración del rito, inscríbanse prontamente los nombres de los catecúmenos en el libro destinado a este menester, añadiendo la mención del ministro y de los padrinos, así como la fecha y lugar de la admisión. 

18. Porque desde ese momento los catecúmenos (a los que ya abraza como suyos la santa madre Iglesia con amor y cuidado maternal, por estar vinculados a ella) son ya de «la casa de Cristo» (cfr. Conc. Vat. II, Constitución sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 14; Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia, Ad gentes, n. 14): son alimentados por la Iglesia con la palabra de Dios y favorecidos con las ayudas litúrgicas. Por tanto, los catecúmenos han de estimar de todo corazón la asistencia a la liturgia de la palabra y el recibir bendiciones y sacramentales. Cuando contraigan matrimonio, ya sea entre dos catecúmenos, o entre un catecúmeno y un no bautizado, úsense los ritos apropiados (Ritual del Matrimonio, nn. 55-56). Finalmente, si murieran durante el catecumenado, se les deben exequias cristianas. 

19. El catecumenado es un tiempo prolongado, en que los candidatos reciben la instrucción pastoral y se ejercitan en un modo de vida apropiado (cfr. Conc. Vat. II, Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia, Ad gentes, n. 14), y así se les ayuda para que lleguen a la madurez las disposiciones de ánimo manifestadas a la entrada. Esto se obtiene por cuatro caminos: 
  1. Por una catequesis apropiada, dirigida por sacerdotes, diáconos o catequistas y otros seglares, dispuesta por grados, pero presentada íntegramente, acomodada al año litúrgico y basada en las celebraciones de la palabra, se va conduciendo a los catecúmenos no sólo al conveniente conocimiento de los dogmas y de los preceptos, sino también al íntimo conocimiento del misterio de la salvación, cuya aplicación desean. 
  2. Al ejercitarse familiarmente en la práctica de la vida cristiana, y ayudados por el ejemplo y auxilio de sus padrinos de catecumenado y de bautismo, y aun de todos los fieles de la comunidad, se acostumbran a orar a Dios con más facilidad, a dar testimonio de su fe, a tener siempre presente la expectación de Cristo, a seguir en su actuación las inspiraciones de lo alto y a ejercitarse en la caridad al prójimo hasta la abnegación de sí mismos. Preparados así, «los neoconversos emprenden un camino espiritual, en el cual participan ya por la fe del misterio de la muerte y resurrección, y pasan de la vieja condición humana a la nueva del hombre perfecto en Cristo. Este tránsito que lleva consigo un cambio progresivo de sentimientos y costumbres, debe manifestarse con sus consecuencias sociales y desarrollarse paulatinamente durante el catecumenado. Siendo el Señor, al que confían, blanco de contradicción, los que se convierten experimentan con frecuencia rupturas y separaciones, pero también gozos que Dios concede sin medida» (cfr. ibid., n. 13). 
  3. Con los ritos litúrgicos oportunos la santa madre Iglesia ayuda a los catecúmenos en su camino y son purificados paulatinamente y sostenidos con la bendición divina. Para ayudarles se promueven celebraciones de la palabra, y hasta pueden asistir con los fieles a la liturgia de la palabra para prepararse mejor, poco a poco, a la futura participación en la Eucaristía. Sin embargo, de ordinario, conviene que cuando asisten a las asambleas litúrgicas de los fieles, antes de comenzar la celebración eucarística, si no surge alguna dificultad, se les despida cortésmente; porque deben esperar a que, agregados por el Bautismo al pueblo sacerdotal, sean promovidos a participar en el nuevo culto de Cristo. 
  4. Como la vida de la Iglesia es apostólica, los catecúmenos deben aprender también a cooperar activamente a la evangelización y a la edificación de la Iglesia con el testimonio de su vida y con la profesión de la fe (ibid., n. 14). 
20. La prolongación del período de catecumenado depende de la gracia de Dios y de varias circunstancias, a saber: de la organización de todo el catecumenado, del número de catequistas, diáconos y sacerdotes, de la cooperación de cada catecúmeno, de los medios necesarios para acudir a la clase del catecumenado y permanecer en él, y finalmente, de la ayuda de la comunidad local. Por tanto, nada se puede determinar «a priori». Al Obispo, pues, toca determinar el tiempo y ordenar la disciplina de los catecúmenos. También será oportuno que las Conferencias Episcopales decidan más concretamente sobre este asunto, atendidas las condiciones de los países y regiones (cfr. Conc. Vat. II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 64).

C. El tiempo de purificación e iluminación 

21. El tiempo de purificación e iluminación de los catecúmenos de ordinario coincidirá con la Cuaresma, que es tiempo para renovar a la comunidad de los fieles junto con los catecúmenos por la liturgia y a la catequesis litúrgica, mediante el recuerdo o la preparación del Bautismo, y por la penitencia (ibid., n. 109). Así dispone a los catecúmenos para celebrar el misterio pascual, que los sacramentos de la iniciación aplican a cada uno (cfr. Conc. Vat. II, Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia, Ad gentes, n. 14). 

22. Con el segundo grado de la iniciación, comienza el tiempo de la purificación e iluminación, destinado a la preparación intensiva del espíritu y del corazón. En este grado hace la «elección» la Iglesia, o sea, la selección y admisión de los catecúmenos, que por su disposición personal sean idóneos, para acercarse a los sacramentos de la iniciación en la próxima celebración. Se llama «elección», porque la admisión, hecha por la Iglesia, se funda en la elección de Dios, en cuyo nombre actúa la Iglesia; se llama también «inscripción de los nombres», porque los candidatos, en prenda de fidelidad, escriben su nombre en el libro de los elegidos. 

23. Antes de que se celebre la «elección», se requiere en los catecúmenos, la conversión de la mente y de las costumbres, suficiente conocimiento de la doctrina cristiana y sentimientos de fe y caridad; se requiere, además, una deliberación sobre su idoneidad. Después, durante la celebración del rito, tiene lugar la manifestación de su voluntad y la sentencia del Obispo o de su delegado delante de la comunidad. Así se comprende que la elección, rodeada de tanta solemnidad, sea como el eje de todo el catecumenado.

24. Desde el día de la «elección» y de su admisión los catecúmenos reciben la denominación de «elegidos». También, se les denomina «competentes», porque todos juntos pretenden o rivalizan o compiten en recibir los sacramentos de Cristo y el don del Espíritu Santo. Se llaman, también, «iluminados», ya que el Bautismo mismo recibe, también, el nombre de «iluminación», y por él los neófitos son inundados con la luz de la fe. En nuestro tiempo se pueden utilizar otras denominaciones, que según la diversidad de los países y de las civilizaciones, más se acomoden a la comprensión de todos y al genio de cada lengua.

25. En este período, la preparación intensiva del ánimo, que se ordena más bien a la formación espiritual que a la instrucción doctrinal de la catequesis, se dirige a los corazones y a las mentes para purificarlas por el examen de la conciencia y por la penitencia, y para iluminarlas por un conocimiento más profundo de Cristo, el Salvador (cfr. Conc. Vat. II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 110). Esto se verifica por medio de varios ritos, especialmente por el «escrutinio» y la «entrega»
  1. Los «escrutinios», que se celebran solemnemente en los domingos, se dirigen a estos dos fines anteriormente mencionados: a saber, a descubrir en los corazones de los elegidos lo que es débil, morboso o perverso para sanarlo; y lo que es bueno, positivo y santo para asegurarlo. Porque los escrutinios se ordenan a la liberación del pecado y del diablo, y al fortalecimiento en Cristo, que es el camino, la verdad y la vida de los elegidos. 
  2. Las «entregas», por las cuales la Iglesia entrega o confía a los elegidos antiquísimos documentos de la fe y de la oración, a saber: el Símbolo y la Oración dominical, tienden a la iluminación de los elegidos. En el Símbolo, en el que se recuerdan las grandezas y maravillas de Dios para la salvación de los hombres, se inundan de fe y de gozo los ojos de los elegidos; en la Oración dominical, en cambio, descubren más profundamente el nuevo espíritu de los hijos, gracias al cual, llaman Padre a Dios, sobre todo durante la reunión eucarística. 
26. Para la preparación próxima de los sacramentos: 
  1. Exhórtese a los elegidos para que el Sábado santo, en cuanto les sea posible, dejando el trabajo acostumbrado, dediquen el tiempo a la oración y al recogimiento del corazón, y guarden el ayuno según sus fuerzas. 
  2. En ese día, si hay alguna reunión de los elegidos, se puede tener algún rito de preparación próxima, v. gr., la entrega del Símbolo y el «Effetá», la elección del nombre cristiano, y la unción con el óleo de los catecúmenos, si el caso lo admite. 
D. Los sacramentos de la iniciación 

27. Estos sacramentos, es decir, el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, son el último grado o etapa, en el que los elegidos, perdonados sus pecados, se agregan al pueblo de Dios, reciben la adopción de los hijos de Dios, y son conducidos por el Espíritu Santo a la plenitud prometida de antiguo, y, sobre todo, a pregustar el reino de Dios por el sacrificio y por el banquete eucarístico.

a) Celebración del Bautismo de adultos 

28. La celebración del Bautismo se inicia con la bendición del agua y la profesión de fe, en relación íntima con el rito del agua, llegando a su culminación en la ablución con el agua y en la invocación de la Santísima Trinidad.

29. En efecto, por la bendición del agua se invoca por primera vez a la Santísima Trinidad, se recuerda el designio salvífico del misterio pascual y la razón de elegir el agua para significar sacramentalmente el misterio. Así el agua recibe su valor de signo de fe por el que se proclama ante todos la realización del misterio de Dios. 

30. Con los ritos de la renuncia y de la profesión de fe, el mismo misterio pascual, conmemorado al bendecir el agua y evocado brevemente por el celebrante en las palabras del Bautismo, es confesado por la fe ardiente de los que van a ser bautizados. Porque los adultos no se salvan, sino acercándose por propia voluntad al Bautismo y queriendo recibir el don de Dios, mediante su fe. Pues la fe, cuyo sacramento reciben, no es sólo propia de la Iglesia, sino también de ellos, y se espera que sea activa y operante en ellos. Al bautizarse, por propia voluntad establecen alianza con Cristo, renunciando a los errores y uniéndose al Dios verdadero, a no ser que reciban pasivamente el sacramento. 

31. Seguidamente, después de confesar con viva fe el misterio pascual de Cristo, se acercan y reciben aquel misterio, significado por la ablución del agua, y después de confesar a la Santísima Trinidad, la misma Trinidad, invocada por el celebrante, actúa admitiendo entre los hijos de adopción a sus elegidos y agregándolos a su pueblo. 

32. Por esto, la ablución del agua, al significar la mística participación en la muerte y resurrección de Cristo, por la que los que creen en su nombre mueren a los pecados y resucitan para la vida eterna, adquiere toda su importancia en la celebración del Bautismo; elíjase, por tanto, el rito de la inmersión o el de la infusión, el que resulte más apto en cada caso concreto, para que, según las varias tradiciones y circunstancias, mejor se entienda que aquel baño no es solamente un rito de purificación, sino el sacramento de la unión con Cristo. 

33. La unción del crisma después del Bautismo significa el sacerdocio real de los bautizados y su adscripción en la comunidad del pueblo de Dios. La vestidura blanca es símbolo de su nueva dignidad. El cirio encendido ilumina su vocación de caminar como conviene a los hijos de la luz.

b) La celebración de la Confirmación de adultos 

34. Según el antiguo uso conservado en la Liturgia Romana, no se bautice a ningún adulto, sin que reciba a continuación del Bautismo la Confirmación, a no ser que haya graves razones en contra (cfr. núm. 44). Al enlazar ambos sacramentos se significa la unidad del misterio pascual, y el vínculo entre la misión del Hijo y la efusión del Espíritu Santo, y la conexión de ambos sacramentos, en los que desciende una y otra persona divina juntamente con el Padre sobre los bautizados.

35. Por tanto, después de los ritos complementarios del Bautismo, omitida la unción postbautismal (núm. 224), se confiere la Confirmación.

c) La primera participación eucarística de los neófitos 

36. Finalmente se tiene la celebración de la Eucaristía, en la que por primera vez este día y con pleno derecho los neófitos toman parte, y en la cual encuentran la consumación de su iniciación cristiana. Porque en esta Eucaristía los neófitos, llegados a la dignidad del sacerdocio real, toman parte activa en la oración de los fieles, y en cuanto sea posible en el rito de llevar las ofrendas al altar; con toda la comunidad participan en la acción del sacrificio y recitan la Oración dominical, en la cual hacen patente el espíritu de adopción filial, recibido en el Bautismo.

Finalmente, al comulgar el Cuerpo entregado por nosotros y la Sangre derramada también por nosotros, ratifican los dones recibidos y pregustan los eternos. 

E. El tiempo de la «Mystagogia» 

37. Concluida la etapa precedente, la comunidad juntamente con los neófitos progresa, ya con la meditación del Evangelio, ya con la participación de la Eucaristía, ya con el ejercicio de la caridad, en la percepción más profunda del misterio pascual y en la manifestación cada vez más perfecta del mismo en su vida. Esta es la última etapa de la iniciación, a saber el tiempo de la «Mystagogia» de los neófitos.

38. La inteligencia más plena y fructuosa de los misterios se adquiere con la renovación de las explicaciones y sobre todo con la recepción continuada de los sacramentos. Porque los neófitos, renovados en su espíritu, han gustado íntimamente la provechosa palabra de Dios, han recibido el Espíritu Santo y han experimentado cuán suave es el Señor. De esta experiencia, propia del cristiano y aumentada con el transcurso de la vida, beben un nuevo sentido de la fe, de la Iglesia y del mundo.

39. La posterior frecuencia de sacramentos, así como ilumina la inteligencia de las sagradas Escrituras, hasta tal punto acrecienta la ciencia de los hombres y redunda en la experiencia de la comunidad, que hace más fácil y provechoso a los neófitos el trato de los demás fieles. Por esto, la etapa de la «Mystagogia» tiene gran importancia para que los neófitos, ayudados por los padrinos, traben relaciones más íntimas con los fieles y les enriquezcan con la renovada visión de las cosas y con un nuevo impulso. 

40. Como la índole y la fuerza propia de esta etapa procede de experiencia personal y nueva de los sacramentos y de la comunidad, el principal lugar de la «Mystagogia» lo constituyen las llamadas «Misas para los neófitos», o sea, las Misas de los Domingos del tiempo pascual, porque en esas Misas, además de la comunidad de los fieles reunida y de la participación de los misterios, los neófitos encuentran, especialmente en el Leccionario del ciclo «A», lecturas sumamente adecuadas para ellos. Por tanto, a esas Misas debe ser invitada toda la comunidad local junto con los neófitos y sus padrinos, y los textos de esas lecturas se pueden utilizar aunque la iniciación se celebrara fuera del tiempo pascual.

II. MINISTERIOS Y OFICIOS 

41. Además de lo que se dijo en las Observaciones Generales (núm. 7), el pueblo de Dios representado por la Iglesia local, siempre debe entender y mostrar que la iniciación de los adultos es cosa suya y asunto que atañe a todos los bautizados (cfr. Conc. Vat. II, Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia, Ad gentes, n. 14). Esté, pues, muy preparado y dispuesto, siguiendo su vocación apostólica, para ayudar a los que buscan a Cristo. En las varias circunstancias de la vida cotidiana, como en el apostolado, incumbe a todo discípulo de Cristo la obligación de propagar, en lo que le toca, la fe (cfr. Conc. Vat. II, Constitución sobre la Iglesia, Lumen Gentium, n. 17). Por tanto, debe ayudar a los candidatos y a los catecúmenos durante todo el período de la iniciación, en el precatecumenado, en el catecumenado y en el tiempo de la «Mystagogia». En concreto: 

  1. En el período de la evangelización y del precatecumenado recuerden los fieles que el apostolado de la Iglesia, y de todos sus miembros, se dirige en primer lugar a que el anuncio de Cristo con palabras y hechos sea patente al mundo y a que éste reciba la gracia del Señor (cfr. Conc. Vat. II, Decreto sobre el apostolado de los laicos, Apostolicam actuositatem, n. 6). Muéstrense, pues, inclinados a abrir el espíritu de la comunidad cristiana, a recibir a los candidatos en las familias, a dialogar personalmente con ellos, y admitirlos hasta en organizaciones especializadas de la comunidad. 
  2. Asistan, según lo aconsejen las circunstancias, a las celebraciones o actos del catecumenado y tomen parte en las respuestas, en las oraciones, en el canto y en las aclamaciones. 
  3. El día de la elección, puesto que se trata de un incremento de la misma comunidad, ésta debe dar en el momento oportuno un testimonio justo y prudente acerca de los catecúmenos. 
  4. En tiempo de Cuaresma, o sea, durante la etapa de purificación e iluminación, acudan con asiduidad a los ritos del escrutinio y de la entrega, y den ejemplo a los catecúmenos de la propia renovación en el espíritu de penitencia, de fe y de caridad. En la Vigilia pascual tengan empeño en renovar las promesas del Bautismo. 
  5. En tiempo de la «Mystagogia» participen en las Misas de los neófitos, abrácenlos con caridad, ayudándolos para que se sientan gozosos en la comunidad de los bautizados.
42. Al candidato, que pide ser admitido entre los catecúmenos, les avala el padrino de catecumenado, a saber un varón o una mujer que le conozca, le ayude y sea testigo de sus costumbres, de su fe y de su voluntad. Puede acontecer que este padrino del catecumenado no haga el oficio de padrino en las etapas de la purificación e iluminación, y de la «Mystagogia», pero entonces otro le ha de sustituir en este oficio. 

43. El padrino por su parte (cfr. Observaciones generales, n. 8), elegido por el catecúmeno a causa de su buen ejemplo, de sus dotes y de la amistad, delegado por la comunidad cristiana local y aprobado por el sacerdote, acompaña al candidato en el día de la elección, en la celebración de los sacramentos y en la etapa de la «Mystagogia». A él le atañe mostrar familiarmente al catecúmeno el uso del Evangelio en la vida propia y en el trato con la sociedad, ayudarle en las dudas y ansiedades, y darle testimonio y velar por el incremento de su vida bautismal. Señalado antes de la «elección», cumple su oficio públicamente desde el día de la «elección», al dar testimonio del catecúmeno ante la comunidad; y su oficio sigue siendo importante, cuando el neófito, recibidos los sacramentos, ha de ser ayudado para permanecer fiel a las promesas del Bautismo.

44. Es propio del Obispo (cfr. ibid., n. 12), por sí, o por su delegado organizar, orientar y fomentar la educación pastoral de los catecúmenos y admitir a los candidatos a la elección y a los sacramentos. Es de desear que, en cuanto sea posible, además de presidir la liturgia cuaresmal, él mismo celebre el rito de la elección, y en la Vigilia pascual confiera los sacramentos de la iniciación. Finalmente, por su cargo pastoral debe confiar la misión para los exorcismos menores a catequistas que realmente sean dignos y estén bien preparados (Se suprime en este caso el canon). 

45. A los presbíteros toca, además del acostumbrado ministerio en cualquier celebración del Bautismo, Confirmación y Eucaristía (cfr. Observaciones generales previas, nn. 13-15), atender al cuidado pastoral y personal de los catecúmenos (cfr. Conc. Vat. II, Decreto sobre el ministerio y vida de los presbíteros, Presbyterorum Ordinis, n. 6), auxiliando, especialmente a los que se vean combatidos por dudas o aflicciones, proporcionándoles la catequesis adecuada con ayuda de los diáconos y catequistas; aprobar la 
elección de los padrinos, y oírlos y ayudarlos gustosamente; y finalmente, velar con diligencia para que se sigan perfectamente los ritos aptos en el curso de todo el Ritual de la Iniciación (cfr. núm. 67).

46. El presbítero que bautiza a un adulto o niño en edad catequística, confiérale también la Confirmación, en ausencia del Obispo, a no ser que este sacramento haya de ser conferido en otro tiempo (cfr. núm. 56; cfr. Ritual de la Confirmación, Praenotanda, n. 7b). 

Cuando sean muy numerosos los que han de confirmarse, el ministro de la confirmación puede auxiliarse asociando a otros presbíteros para administrar el sacramento.

Es necesario que estos presbíteros: 
  • desempeñen algún cargo u oficio peculiar en la diócesis, a saber: sean ya Vicarios Generales, ya Vicarios o Delegados episcopales, ya Vicarios regionales o de distrito, o que por mandato del Obispo sean equiparados a los anteriores «ex officio»
  • o bien sean párrocos de los lugares en que se confiere la Confirmación, o párrocos de los lugares a que pertenecen los que van a confirmarse, o presbíteros que tengan intervención especial en la preparación catequética de los confirmandos (cfr. Ibid., n. 8). 
47. Es conveniente que los diáconos, donde los haya, ofrezcan su ayuda. Si la Conferencia Episcopal juzgare oportuno establecer diáconos permanentes, cuide también de que su número sea proporcionado para que puedan tenerse en todos los sitios, donde lo requieran las necesidades pastorales, todos los grados, etapas y ejercicios del catecumenado (cfr. Conc. Vat. II, Constitución sobre la Iglesia, Lumen Gentium, n. 26; Decreto de la actividad misionera de la Iglesia).

48. Los catequistas, cuyo oficio tiene verdadera importancia para el progreso de los catecúmenos y el aumento de la comunidad, tengan parte activa en los ritos en cuanto fuere posible. Cuando enseñan, procuren que su doctrina esté llena del espíritu evangélico, acomodada a los símbolos y tiempos litúrgicos, adaptada a los catecúmenos y enriquecida, en cuanto sea posible, con las tradiciones y usos locales. Más aún, señalados por el Obispo, pueden realizar los exorcismos menores (Cfr. n. 44) y las bendiciones (cfr. Conc. Vat. II, Sacrosanctum Concilium, n. 79. Constitución sobre la Sagrada Liturgia), de que se trata en el Ritual nn. 113-124. 

III. TIEMPO Y LUGAR DE LA INICIACIÓN

49. El Ritual de la iniciación han de organizarlo los pastores de tal modo que, como norma general, los sacramentos se celebren en la Vigilia Pascual y la elección tenga lugar el primer domingo de Cuaresma. Los otros ritos han de distribuirse teniendo en cuenta la disposición descrita más arriba (nn. 6-8, 14-40). Sin embargo, por graves necesidades pastorales, se puede disponer el curso de todo el Ritual de otra manera, como se dice después más en concreto (nn. 58-62). 

A. Tiempo legítimo o acostumbrado 

50. En lo que toca al tiempo de celebrar el rito de entrada en el catecumenado, hay que advertir lo siguiente: 
  1. Que no sea prematuro: espérese hasta que los candidatos, según su disposición y condición, tengan el tiempo necesario para concebir la fe inicial y para dar los primeros indicios de su conversión (Cfr. n. 20). 
  2. Donde el número de candidatos suele ser mayor, espérese hasta que se forme un grupo suficiente para la catequesis y los ritos litúrgicos. 
  3. Establézcanse dos días o «témporas» al año (o tres donde sea necesario) en los que normalmente se desarrolle el rito. 
51. El rito de la «elección» o «de la inscripción del nombre»se celebrará, ordinariamente, el primer domingo de Cuaresma. Oportunamente puede anticiparse unos días antes o celebrarlo dentro de la semana.

52. Los «escrutinios» tendrán lugar en los domingos III, IV y V de Cuaresma, o si fuera necesario en otros domingos de Cuaresma, y aun en las ferias más convenientes de la semana. Han de celebrarse tres «escrutinios»; sin embargo, por graves impedimentos, el Obispo puede dispensar de uno, o en circunstancias graves de dos de los «escrutinios». Faltando tiempo, adelántense la «elección» y también el primer escrutinio; atiéndase en este caso a que no se alargue más de ocho semanas el «tiempo de la purificación e iluminación». 

53. Desde la antigüedad las «entregas», se tienen después de los «escrutinios» y pertenecen al mismo «Tiempo de la purificación e iluminación»; celébrense, pues, dentro de la semana. El Símbolo se entrega en la semana que sigue al primer escrutinio; la Oración dominical, después del tercero. Sin embargo, por razones pastorales, para enriquecer la liturgia del tiempo de catecumenado, las «entregas» se pueden trasladar y celebrar dentro del catecumenado al modo de «rito de transición» (Cfr. nn. 125-126).

54. El Sábado santo, mientras los «elegidos», dejando su trabajo (Cfr. n. 26), se entregan a la meditación, pueden hacerse varios ritos inmediatamente preparatorios: recitación del Símbolo, rito «Effetá», elección del nombre cristiano, y hasta la unción con el óleo de los catecúmenos (Cfr. nn. 193- 207). 

55. En la misma Vigilia pascual celébrense los sacramentos de la iniciación de los adultos (Cfr. nn. 8 y 49). Pero si los catecúmenos son muchos, la mayor parte de ellos recibirán los sacramentos esta misma noche, dejando los demás para los días de la infraoctava de Pascua, renovándolos con los sacramentos en las iglesias principales o en capillas secundarias. En este caso, dígase la Misa propia del día o la Misa ritual para la iniciación cristiana, leyendo las lecturas de la Vigilia pascual.

56. En algunos casos la Confirmación puede retrasarse hasta el fin del tiempo de la «Mystagogia», v.gr., hasta el Domingo de Pentecostés (Cfr. n. 237). 

57. En todos y cada uno de los domingos después del primero de Pascua ténganse las llamadas «Misas de neófitos», a las que se invita encarecidamente a la comunidad y a los recién bautizados con sus padrinos (Cfr. n. 40).

B. Fuera del tiempo propio 

58. Aunque el curso de la iniciación debe disponerse ordinariamente de modo que los sacramentos se celebren en la Vigilia pascual, sin embargo, a causa de circunstancias inesperadas y de necesidades pastorales, se permite que el rito de la elección y el tiempo de la purificación e iluminación se celebren fuera de Cuaresma, y los sacramentos fuera de la Vigilia pascual o del día de Pascua. En circunstancias normales, pero sólo por graves necesidades pastorales, v.gr., donde hayan de bautizarse muchísimos, se puede elegir, además del curso normal de iniciación de la Cuaresma, otro curso suplementario, principalmente durante el tiempo pascual, para celebrar los sacramentos de la iniciación. En estos casos, mudando la inserción en el año litúrgico, toda la estructura se traslada, con los debidos intervalos, pero quedando intacta aquélla. Las acomodaciones se hacen del modo siguiente.

59. Los sacramentos de la iniciación, en cuanto sea posible, se celebrarán en domingo, siguiendo, según se juzgue oportuno, o la Misa del domingo, o la Misa ritual propia (Cfr. n. 55).

60. El rito de Entrada en el Catecumenado debe celebrarse en el tiempo conveniente, como se dijo en el n. 50.

61. La «elección» se celebrará unas seis semanas antes de los sacramentos de la iniciación, de modo que quede tiempo suficiente para los «escrutinios» y «entregas». Cuídese de que la celebración de la «elección» no caiga en una solemnidad del año litúrgico. Para el rito léanse las lecturas asignadas en el Ritual. El formulario de la Misa será el del día, o bien, de la Misa ritual.

62. Los «escrutinios» celébrense en domingo, o también dentro de la semana, pero no en las solemnidades, guardando los intervalos acostumbrados y leyendo las lecturas del Ritual. El formulario de la Misa será el del día, o bien, el de la Misa ritual (n. 374 bis).

C. Lugar de la iniciación 

63. Los ritos deben hacerse en lugares idóneos, como se dice en el Ritual. Ténganse en cuenta las necesidades peculiares, que se presentan en los centros secundarios de los países de misión. 


IV. ACOMODACIONES QUE PUEDEN HACER
LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES
QUE SIGUEN EL RITUAL ROMANO

64. Además de las acomodaciones previstas en las Observaciones Generales (nn. 30-33), el Ritual de la iniciación de adultos puede admitir otras acomodaciones a juicio de las Conferencias Episcopales.

65. A juicio de estas Conferencias se puede establecer lo siguiente: 
  1. Antes del catecumenado, donde sea oportuno, se puede establecer algún modo de recibir a los «simpatizantes» (Cfr. n. 12). 
  2. Si en alguna parte florecen los cultos paganos, se puede introducir un primer exorcismo y una primera renuncia en el Rito de Entrada en el catecumenado (nn. 79 y 80). 
  3. Se puede establecer que el gesto de signar la frente, se haga sin tocar la frente, donde ese tacto no parezca oportuno (n. 80). 
  4. Donde, según la práctica de las religiones no cristianas sea costumbre que a los iniciados se les dé enseguida un nuevo nombre, puede establecerse que se imponga a los candidatos un nuevo nombre en el Rito de Entrada en el Catecumenado (n. 88). 
  5. Según las costumbres locales puede admitirse en el mismo Rito, n. 89, algunos ritos auxiliares para significar la recepción en la comunidad. 
  6. En el tiempo del catecumenado, además de los ritos acostumbrados (nn. 106-124), se puede establecer el «Rito de la transición», como sería anticipar las «entregas» (nn. 125-126), o el rito «Effeta», o la recitación del Símbolo o también la unción con el óleo de los catecúmenos (nn. 127-129). 
  7. Se puede decretar la omisión de la unción de los catecúmenos (n. 218) o su traslado entre los ritos de preparación inmediata (nn. 206-207) o su realización dentro del tiempo de catecumenado como «rito de transición» (nn. 127-132). 
  8. También pueden abreviarse o enriquecerse las fórmulas de la renuncia (Cfr. nn. 217 y 80).
V. LO QUE COMPETE AL OBISPO

66. A cada Obispo en su diócesis incumbe: 
  1. Establecer la institución del catecumenado y decidir las normas oportunas para cada necesidad (Cfr. n. 44). 
  2. Determinar, según las circunstancias, si se puede celebrar, y cuándo, el rito de la iniciación fuera de los tiempos propios (Cfr. n. 58). 
  3. Dispensar por impedimentos graves de un escrutinio y, en circunstancias extraordinarias, también de dos (Cfr. n. 240). 
  4. Permitir que parcial o totalmente se use el Ritual abreviado (Cfr. n. 240). 
  5. Confiar a los catequistas, que sean verdaderamente dignos y estén bien preparados, la misión de realizar los exorcismos y las bendiciones (Cfr. nn. 44 y 47). 
  6. Presidir el rito de la «elección» y dar por válida la admisión de los elegidos, por sí o por medio de un delegado (Cfr. n. 44). 

VI. ACOMODACIONES QUE PUEDE HACER EL MINISTRO

67. El celebrante puede servirse plenamente y con conocimiento de causa de la libertad que se le otorga en las Observaciones Generales Previas, n. 34, o en las rúbricas del Ritual. En muchos lugares del Ritual no se determina a propósito el modo de actuar o de rezar, o se ofrecen dos soluciones, para que el celebrante, según su prudente juicio pastoral, pueda acomodarse a las condiciones de los candidatos y de los asistentes. Se ha dejado la máxima libertad en cuanto a las moniciones y a las súplicas, que según las circunstancias siempre se pueden abreviar o cambiar o enriquecer con otras intenciones, que respondan a la especial condición de los candidatos (v. gr., algún luto o gozo familiar ocurrido a alguno de ellos) o de los asistentes (v. gr., algún luto o gozo común de la parroquia o de la ciudad).

Será propio del celebrante acomodar el texto, mudando el género y el número según las circunstancias de cada cual.